Nocturno tres

En ese tiempo, la mayor tarea juvenil era traer leña seca a casa. Combustible altamente demandado. En ocasiones, había que hacer largos recorridos para encontrarlo y el tiempo para apilarlo era durante el ocaso, justo cuando los fantásticos, terroríficos y nocturnos habitantes de los bosques, comenzaban su actividad.

Aniceto había hecho una tala en el vientre de su bosque, quemó los troncos en un jerro y sembró ahuyamas en la tierra acalorada.

Una tarde de suerte, el guambito encontró el claro. Había leña para por lo menos una luna.

Cuando el chaval volvió por segunda vez, se encontró con Lina. Entre los dos espantaron un herizo, un armadillo y una zarigüeya.

El y Lina acordaron ayudarse para sacar sendas brazadas de ramas secas hasta el límite del bosque.

Un sutil y accidental roce de manos, dio inicio a una bella historia de amor. Y el bosque la vio nacer.